Un verano en la casa del pueblo en Burgos gracias al teletrabajo

El teletrabajo da alas a la España rural. Sobre todo, en verano, época en la que los pueblos se llenan de vida. Esta combinación hace que Aranda y la Ribera del Duero reciban cada vez a más profesionales que cuentan con la posibilidad de desarrollar su labor desde cualquier parte del país. Desde informáticos, a psicólogos o economistas. Ya no sólo pasan unos días de vacaciones, sino que alargan su estancia en la comarca gracias al trabajo en remoto. Muchos de ellos se dan cita en el coworking Ribering, con sede en la capital ribereña, donde se ha creado una comunidad que en julio y agosto aumenta notablemente. 

«Gracias a que los pueblos de nuestra comarca tienen mucha vida, hay familias que pasan más tiempo aquí y que pueden teletrabajar», expone Cristina Ferrer, encargada de dinamizar el espacio de Ribering. En líneas generales, suelen ser profesionales con vínculos en la Ribera del Duero y con perfiles más bien técnicos, sobre todo, del ámbito de la informática, además de autónomos. «En verano fluctúa mucho», indica, mientras constata que la semana en la que se celebra el festival Sonorama Ribera suele ser la de mayor afluencia. En esta última edición, han llegado a tener 23 teletrabajadores. 

El ‘coworking’ tiene previsto celebrar en septiembre una jornada de moda hecha en Aranda

Alejandra Oliveros, Baños de Valdearados.Alejandra Oliveros, Baños de Valdearados.

A su juicio, uno de los aspectos más positivos son los lazos profesionales y personales que surgen. Así, por ejemplo, dos estudiantes del CIFP Santa Catalina acudirán a Estados Unidos tras celebrarse en julio en Aranda el programa WordPress Campus Connect, gracias al apoyo de diversas empresas y del propio Ribering. Según destaca Ferrer, «el coworking lleva intrínseco el concepto de comunidad» y en su ADN emergen como aspectos clave potenciar el talento y la innovación social. «En nuestro ánimo está querer hacer algo por Aranda de Duero», añade para, acto seguido, detallar que durante el año organizan eventos, charlas y proyectos de participación ciudadana. 

Entre ellos, se incluye lo que han denominado Mastermind, que consiste en una mentorización que llevan a cabo una vez al mes. «Viene alguien que no acaba de arrancar y le ofrecemos nuestra visión y nuestros contactos», explica Ferrer. Suelen ser profesionales de la zona, que no llevan mucho tiempo con sus proyectos y que necesitan que les den un pequeño empuje. De momento, han efectuado tres sesiones. 

Ya de cara a septiembre, en Ribering tienen previsto celebrar una jornada de moda que se elabora en Aranda, para así distinguir el trabajo que se desarrolla en este sector por parte de profesionales de la ciudad, tanto veteranos como noveles. «Se trata de resaltar el talento que tenemos, lo que viene de fuera y se asienta aquí y lo que es de aquí y se asienta fuera», concluye Ferrer, consciente de la importancia de analizar las tendencias «muy en global y seguir avanzando». 

Sergio García Maroto, Quemada.Sergio García Maroto, Quemada.

Celia Arranz | Valdearcos de la Vega 

«Lo mejor es que ahorras atascos y recuperas horas de vida» 

Celia Arranz es nómada digital. Durante el año vive en Madrid y trabaja como especialista en bases de datos para tributos de Vizcaya. Eso sí, en cuanto llega el verano huye de la capital y se traslada muy cerca de Roa de Duero, a Valdearcos de la Vega, donde tiene sus raíces familiares. «Lo mejor del teletrabajo es que te libras de los atascos. La A-6 es horrorosa», expone de primeras. Luego añade: «Así recuperas horas de vida y no te pasas los días en la carretera». 

Cada verano vuelve al pueblo y cada vez más tiempo. Porque sus hijos ya son más mayores y también porque ha encontrado un lugar con todo lo que necesita: buena conexión a internet y gente respetuosa. «Antes, muchas compañías de telecomunicaciones no eran flexibles y te exigían continuidad en el contrato. Ahí Ribering te salva la vida. Es un sitio tranquilo, con sala de reuniones donde no molestas al resto, zona de cocina…», enumera Arranz, de 55 años, que suma dos veranos teletrabajando en este espacio de Aranda. En plena ola de calor, no se olvida de que allí «la temperatura es ideal, es una especie de refugio climático, se está de maravilla». 

Celia Arranz, Valdearcos de la Vega.Celia Arranz, Valdearcos de la Vega.

Los ágapes en Ribering son estupendos, compartes tiempo y vivencias»

Ella, que teletrabaja continuamente, también agradece juntarse con otras personas. De ahí que valore positivamente la comida conjunta que organizan en Ribering una vez a la semana.

«Esos ágapes son muy enriquecedores, se comparte tiempo y vivencias», asegura Arranz, que siempre se ha dedicado al ámbito de la informática, primero al desarrollo web y luego a la gestión de bases de datos.  

A su juicio, aunque en muchas empresas prima el presencialismo, «lo importante es que el trabajo salga y que los hitos se vayan cumpliendo». En su caso, eso pasa por la elaboración de informes de renta en base a análisis de datos, entre otras cuestiones. Cada día mantienen una reunión de equipo y, de forma quincenal, otra de seguimiento. Además, los compañeros se llaman de forma continua. Después, aprovecha el verano en el pueblo. «Aquí la vida es más tranquila, todo es más amable y cercano. Te das un paseo, ves animales, vas al río… parece que el día te da para más», concluye.

Sergio García Maroto | Quemada 

«Me gusta mucho Castilla, vengo durante todo el año» 

Sergio García Maroto es uno de los pioneros en el teletrabajo. Este ingeniero de software, natural de Santander, se mudó a Irlanda por motivos laborales y allí pasó nueve años. Cuando decidió volver a España, en 2012, su empresa, una consultora americana que recluta a perfiles de alta dirección para otras compañías, le propuso seguir ligados a través del empleo remoto. Aceptó y así continúa a día de hoy. Al principio, trabajaba desde casa en tierras cántabras y luego alquiló una oficina, que comparte con su pareja, que es psicóloga. 

En verano, pasa entre dos y tres semanas en un pueblo de Cantabria y un mes entero en la localidad ribereña de Quemada, de donde procede su madre. «Lo de trabajar en distintos sitios lo tengo integrado desde hace tiempo», explica García Maroto, al tiempo que muestra su predilección por esta zona: «Me gusta mucho Castilla, lo adoro. Hemos reformado la casa familiar y venimos mucho durante todo el año, más o menos una vez al mes. Me encanta la meseta, el clima, su entorno natural…». También sus hijas «están felices aquí», en el pueblo, «la sensación de libertad está muy bien», agrega Sergio.  

La única ventaja de no ir a la oficina es poder trabajar desde distintos lugares»

Para él, la ventaja del teletrabajo radica en «la flexibilidad de poder trabajar desde distintos sitios», pero «todo lo demás» lo ve como una desventaja. A él, que ejerce como arquitecto de software, le gusta ir a la oficina. De hecho, sus compañeros de Dublín acuden de forma presencial los lunes y martes y el resto teletrabajan. Al final, como expone Sergio García, tiene marcada una rutina «de llevar al colegio a sus hijas, socializar, comer con algún amigo… porque si no la salud mental se deteriora».  

De ahí que acuda a Ribering a teletrabajar, en lugar de quedarse en su casa del pueblo. «Aquí se está muy bien, por la infraestructura, ya que hay puestos con pantallas grandes, y también por la socialización. Jesús y Cristina son súper serviciales, siempre están pendientes de lo que necesitas», apunta García Maroto, que destaca como punto positivo el picnic que se realiza los jueves, simple y llanamente porque así, «conoces a gente».  

Alejandra Oliveros | Baños de Valdearados 

«Estoy abierta a que me salga un trabajo aquí» 

Alejandra Oliveros, psicóloga de formación, compagina su labor para distintas partes del mundo gracias al teletrabajo. Por un lado, ejerce como profesora asociada en la Universidad de Burgos. Y, por otro, como asesora psicosocial para una ONG de Italia con sede en América Latina. En verano, aprovechando el descanso en las aulas, se traslada a Baños de Valdearados, el pueblo de su marido. Pero como en casa se suelen juntar muchos familiares y, a veces, es difícil concentrarse, ella trabaja desde Ribering.  

La experiencia es positiva. «Conoces gente, te inspiras y también te relacionas», expresa, en referencia a los picnics que se organizan en el coworking. Ella, sin ir más lejos, conoció a profesionales de su sector la semana pasada, algo que valora de forma positiva. De hecho, se muestra «abierta a que me salga un trabajo aquí». Para Oliveros, de 48 años, sería «ideal» asentarse en la Ribera del Duero porque su pareja es viticultor y compaginarlo con su labor en la Universidad de Burgos, que disfruta mucho.  

Gracias al teletrabajo he conservado el vínculo  con organizaciones lejos de aquí»

Mientras tanto, esta venezolana, que se trasladó a Burgos para realizar el doctorado en 2015 y después regresó definitivamente en 2018, se dedica a asesorar equipos, revisar documentos y diseñar metodologías para los distintos proyectos que la ONG Comité Internacional para el Desarrollo de los Pueblos realiza en Colombia, Ecuador y Venezuela. «Gracias al teletrabajo he podido conservar el vínculo con organizaciones y trabajos que están muy lejos de aquí. Si no, habría tenido que prescindir de esa posibilidad y es una labor que me apasiona», afirma la psicóloga.  

Igual de contenta se muestra con su vida en Baños de Valdearados. Para Alejandra, lo mejor son las amistades que ha forjado. «He conocido a gente muy especial, me han acogido de una forma cariñosa. El pueblo es sinónimo de compartir, tienes vínculos más cercanos, te ves todos los días…». En este punto, destaca la labor de la asociación de esta localidad ribereña, donde realizan sesiones de bienestar, baile, baños de bosque… «Es una experiencia bonita», termina satisfecha.  

María Pascual | Aranda de Duero 

«Es importante que en estos espacios haya gente diferente» 

María Pascual ha recorrido medio mundo y hace un año y medio decidió mudarse a Aranda de Duero. Porque el amor, como ella misma admite, lo puede todo. Vivió diez años en Guatemala, otros tres en Afganistán y siete más en Montana (EEUU). A ello suma una temporada en distintos colivings repartidos por Marruecos, Ibiza, Azores, Normandía o Sicilia, justo antes de la pandemia que puso el mundo patas arriba. Así que el día que se inauguró Ribering, ella paseaba por delante y no se lo podía creer. «Qué bien que esta cultura llegue a Aranda», se dijo a sí misma.  

La elección de la capital ribereña no fue fruto del azar. Aunque Pascual creció en Barcelona, sus padres proceden de Fresnillo de las Dueñas y ella siempre ha pasado temporadas en la comarca. «Aquí estoy súper a gusto», admite. Ese aquí no sólo incluye la ciudad, sino también Ribering, un espacio que define como «algo distinto, donde se generan vínculos, empatía con los demás y ayuda mutua». Ella, que trabaja como autónoma en desarrollo internacional, destaca que el coworking le permite estar en contacto con profesionales de distintos ámbitos.

«He conocido a una chica que hace compost, a otra de un hotel rural, a otra que trabaja en bienestar…». Pero no sólo eso. También remarca «las oportunidades laborales directas» que se generan. Al final, dice, «son una fuente de bienestar y de sinergias para los pequeños empresarios que vienen por aquí».  Porque, «cada vez se enfatiza más el valor de las relaciones sociales como fuente de bienestar y riqueza». 

En el plano laboral, María Pascual, de 53 años y licenciada en Economía, se encuentra inmersa en distintos proyectos. Desde hace 12 años trabaja en desarrollo legislativo. En entender las debilidades legislativas relacionadas con el medio ambiente y el crimen que se producen en los países africanos y asiáticos. Por ejemplo, tala y minería ilegal, tráfico de especies…

También forma parte de la Asociación de Moda Ética y Sostenible (AMES), «para hacer incidencia política y sensibilización contra los miles de toneladas de ropa nueva que acaban en el mar o en vertederos». 

Han puesto en marcha varias campañas, entre las que figura una de IVA verde con el objetivo de que las empresas sostenibles puedan beneficiarse de ventajas fiscales. Al mismo tiempo, Pascual, mente inquieta donde las haya, ha creado una empresa para la producción ecológica de fruta y verdura en invernaderos con tecnología puntera.

Fuente original: www.diariodeburgos.es