Un vigilante detecta un rayo y evita que arda la Sierra de la Tesla, en Burgos

Lo han explicado los expertos en la lucha contra el fuego y lo han reivindicado los vecinos y los representantes políticos de las localidades y comarcas afectadas por los planes de la Junta de Castilla y León, que pretende eliminar el personal de 14 torretas de vigilancia de las 25 que existen en Burgos. Mejor dos ojos que una cámara, por mucha tecnología de última generación que incorpore. Pero hasta ahora en Valladolid no les escuchan, ni les contestan. Creen por ello que quizás lo entiendan mejor, o al menos se abran a la reflexión, con un ejemplo actual localizado en uno de los tesoros naturales de la provincia, los montes de la Tesla.

Sus gentes saben lo que supone doblegarse ante las llamas, como ocurrió en agosto de 2003, cuando ardieron más de 1.000 hectáreas de árboles y arbustos de esta sierra de Merindades. Dos décadas después los bosques se han dado por regenerados, pero las cicatrices de la tragedia siguen en la piel de una comarca muy sensibilizada con el tesoro medioambiental que le ha tocado custodiar. Pocos saben que el martes estuvo a punto de repetirse y que se evitó con una sola mirada, la de un profesional.

«Se podía haber preparado gordísima. Con que hubiera cogido la copa de un pino, arde media tierra», avanza un portavoz de los trabajadores movilizados contra esta medida, que supondría recortar la plantilla de 60 a 30 profesionales. A media tarde, una tormenta comenzó a peinar esta zona boscosa con un importante aparato eléctrico y puso en guardia al operativo, que por la mañana se había dedicado a vigilar las primeras labores de la cosecha. Uno de los rayos impactó en un pinar al lado de un camino. «Dos batidas con los prismáticos» y el vigilante de guardia en ese puesto «cazó a la primera» el humo que comenzaba a levantarse. No en vano, además de acumular dos décadas de experiencia profesional reside en la zona y se conoce los montes palmo a palmo.

A las 19.03 consta el aviso en el parte oficial de incendios de la Junta. A esa hora, la tormenta estaba sobre Medina de Pomar, lo que impedía despegar a uno de los dos helicópteros del operativo contra el fuego activos en la provincia de Burgos. Sí se movilizó a la brigada que transporta y también al segundo, desde Pradoluengo, además de otra cuadrilla de tierra y dos autobombas, despliegue que evidencia el potencial peligro de la situación que apreciaron los técnicos. Afortunadamente, llegaron rápido y todo se quedó en un conato.

Sin embargo, los vigilantes se muestran convencidos de que con las cámaras de videovigilancia el desenlace podría haber sido muy diferente. Por un lado, porque ellos perciben cuando un rayo ha impactado en el terreno. «Se nota. Cuando ves que ha caído bajo y pega un petardazo es que toca tierra», detallan. «Y en cuanto se va la tormenta coges los prismáticos y repasas la zona», con especial atención a esos puntos en los que se han producido las descargas de mayor riesgo. «Eso a una persona que no sabe ni qué pueblos tienen en cada cámara le va a costar», opinan. Para añadir dificultades, existe la posibilidad de confundir los vahos que se forman tras las tormentas y ascienden desde el suelo con el humo. «Desde una cámara es muy difícil distinguir un fuego del vapor del agua», avisan, no sin reconocer que incluso ellos yerran en ocasiones.

En poco más de una hora el incendio se dio por extinguido, pero los profesionales quieren que de este final feliz se extraiga una moraleja para que el próximo episodio no acabe en llanto. 

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Fuente original: www.diariodeburgos.es